Lo hecho con las manos de santiaguenses está bien hecho
- 20 mar 2014
- 4 Min. de lectura
Un orgullo que se está perdiendo, alternativa económica ignorada.
Santiago Tuxtla, Ver.
Por Jaime J. Barrios D.
Este 19 de marzo se conmemoró el día internacional del artesano, oficio que sigue vivo y presente en la vida de los mexicanos, motivo de orgullo y labor que lleva el pan a las familias que viven de lo creado por sus manos.
Los artesanos crean infinidad de formas y diseños en diferentes materiales como madera, hueso, concha, semillas, tela, hilo, lana, latón, piel de diversos animales, papel, barro, piedra, metales, minerales, vidrio, ixtle, maíz, palma, cera, plumas, etc, infinidad de ellos que hacen muestra de la creatividad y riqueza ancestral en este sentido, heredada de generación en generación.
En Santiago Tuxtla hay quienes con sus manos, realizan maravillosas creaciones, bellas, útiles, toda una técnica incluso trasmitida de padres a hijos, como es el caso de Pascacio Obil Teoba, cestero que trabajó el junco hasta los últimos días de su vida, también escultores como Carlos Castellanos Ostos o Lázaro Sinaca, quienes hasta la fecha siguen labrando la piedra realizando extraordinarias piezas, además de muchos otros talentos artesanales, todos ellos reconocidos dentro y fuera del lugar donde radican.
Otra gran personaje que ha hecho de la artesanía su vida, es Doña Paula Ramírez, alfarera por tradición y convicción, amante de su oficio y quien comparte hoy la satisfacción obtenida.
Paula Ramírez, una vida dedicada al barro.
Doña Paula Ramírez vive en la comunidad de Sehulaca, en el municipio de Santiago Tuxtla, Veracruz, centro alfarero con posible origen Nahuatl Pipil, a sus 78 años es de las pocas artesanas, si no es que ya la única, que hace uso de estas habilidades para subsistir. Como un oficio enseñado por su madre, Doña Paula recuerda sus gratas experiencias como “ollera”, y el gusto que ha sido trabajar el barro blanco como parte de una tradición.
Comales, ollas, paveras, tacualones, vasijas hechas de barro a través de un procedimiento que data de mucho tiempo atrás, le ha dado a Doña Paula Ramírez la oportunidad de ser reconocida por su labor, incluso ganando el premio nacional FONART por sus obras artesanales, participando también en su momento, en documentales relacionados al tema.
Con cariño recuerda sus inicios en el oficio, “al principio me quedaban chuecos, hasta me daban ganas de llorar” comenta Doña Paulita, como se le conoce localmente, pero hoy en día es de las escasas que quedan y mantienen viva esta tradición, motivo de orgullo para Santiago Tuxtla.
El paso de los años ha vertido en sus manos una destreza inigualable para crear estas piezas, labor que sin duda alguna tiene su alta dificultad y por supuesto, requiere de un gran compromiso, “Pa mí es un trabajo muy bonito, porque así podemos trabajar y tener unos centavitos”, dijo orgullosa doña Paula.
Entre tristeza y resignación, nos compartió como se ha perdido el interés de la gente, su gente, en relación a este trabajo, siendo los avances tecnológicos, como la producción a gran escala y nuevos materiales, lo que ha desplazado el uso de estas piezas, pero sin embargo, siguen acudiendo a ella infinidad de clientes por muchas razones, una de ellas, el peculiar sabor que crear en los alimentos el uso de estas ollas, independientemente de que es más sano cocinar en ellas.
Doña Paula no ha encontrado aún quien siga sus pasos, nadie que se acerque interesado en aprender el oficio, dedicarle al barro una vida, vivir de él y vivir por él; tal vez porque los tiempos han cambiado, tal vez porque ya no es igual la vida ni los usos ni costumbres, pero esto nos habla de una tradición inmemorable y motivo de orgullo, que se va diluyendo con el paso de los años hasta perder su original sentido, vivir como artesano. “Por que no quieren nadie, ni mi nieta, ni la nuera no quiere, yo por más que les digo no quieren, si es un trabajo muy bonito”, lamenta doña Paula.
Sin duda los artesanos aún mantiene vida la tradición, ya sea parte de una convicción de vida, o como recurso para llevar el pan a sus casas, uno de los tantos oficios tradicionales en México, que poco a poco pierden incongruentemente importancia entre los locales, pero aun valorado y reconocido, por quienes saben que lo hecho con las manos, lo artesanal, cobra un valor incalculable.
Este conocimiento hace hoy en día, que Doña Paula sea una mujer que a su edad, es autosuficiente gracias a lo aprendido, “este trabajo no es pa´ que, como ahora como dicen las mujeres, yo no me voy a poner a trabajar porque voy a mantener al hombre, eso es mentira, mire, yo si me gusta trabajar trabajo, porque así no le voy a estar pidiendo al hombre, compro lo que yo quiera, ¿no es cierto?, si trabaja y trabaja pues hay dinero pa´ uno verdad?, externo satisfecha doña Paula.
De esta manera Doña Paula Ramírez, concibe su oficio como algo que más que una tradición, es una herencia de vida, aprendizaje básico desde tiempos inmemoriales para mantener a las familias, ser autosuficiente y proveedora para los suyos.
Doña Paulita es sin duda una de las tantas voces que nos cuentan por experiencia propia de toda esa magia que vive en estas tierras, y lo maravilloso de sus usos y costumbres, un personaje más que sin duda, es historia y tradición viva, y que da muestra de la importancia y trascendencia su gente.
Es responsabilidad de nosotros fomentar estas tradiciones, apoyar lo hecho en México y por los mexicanos, y en este caso, lo que se hace en Santiago Tuxtla para compartir con el mundo, esto que es parte de nosotros; Doña Paulita Ramírez, una vida dedicada al barro, un orgullo tuxteco.









Comentarios